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Chivato... Viejo Amigo

 


Nilda Gladys "Amin"  Fretes

Esa es la esquina donde debo doblar. Al girar me voy a encontrar con el enorme chivato, árbol grande, su copa cubre toda la calle y llega hasta la vereda de enfrente, pensar que quieren cortarlo, que terrible idea: cortar al Señor Chivato ... supuestamente sus flores ensucian la vereda.

¿Cómo pueden ver suciedad en las flores rojas que tapizan el lugar por donde caminamos? Seguro es la nueva dueña de la casa blanca, ahora gris, eso lo indica todo ¡pintar de gris una casa! ¡A quien se le ocurre! Solo a alguien que no le gusten los colores. Ya sé, el gris también es un color y puede ser bonito, pero TODO gris es algo triste ¿no? Como sea, es un atentado matar al viejo chivato.

Claro, la Señora Gris desconoce, seguro no se enteró, que a su sombra cuando niños jugábamos, que de sus ramas colgábamos hamacas, y que más de una vez en su copa nos escondimos cuando algunas mamás salían a buscarnos con la quimérica pretensión de que debíamos dormir la siesta.

Cuantas veces recibí de algún vecinito, de regalo un manojo de sus flores. Y ya de adolescente, fue el colorido chivato silencioso testigo de los primeros rubores encendiendo las mejillas que descubrían el amor. Y su corteza, material incondicional donde los jóvenes grababan sus nombres entrelazados en algún deforme corazón.

Desde siempre es nido de gorriones y cardenales, y en sus raíces descansó en más de una ocasión el cartero cansado de caminar, y ...  ¡Pedro! el linyera que nos brindaba mágicas horas narrado sus aventuras que nuestros oídos de 8 años absorbían bajo la mirada vigilante de nuestros padres, quienes finalmente entendieron que "El Linye" no hacía mal a nadie y era un incondicional niñero al que no debían pagar con más que un atado de puchos o un plato de comida.

Estoy aquí, bajo él, mi viejo  y querido Chivato... están los obreros que la Señora Gris contrató para talarlo. ¡NO!, No puedo permitirlo, NO, ¡cortarlo no, por favor!.

Veo... veo que van a empezar a herirlo .... ¡NO!

-¿Qué hacen? ¡QUE HACEN! De pronto me doy cuenta que estoy gritando.

Me veo. Veo como si viera una película. Me veo corriendo, arrebatando el arma mortal (que aniquilará mis mejores recuerdo de infancia) de las manos del obrero. Veo al pobre hombre que sorprendido me mira y no puede reaccionar. Parezco loca, enfurecida, estoy loca, enfurecida, sigo gritando ...

Salen los vecinos, sale la Sra. Gris, y yo ahí, tan formal, tan fría siempre... y yo ahí arengando a gritos que NO PUEDEN MATARLO, que la suciedad de sus flores en la vereda es sólo suciedad para los que no reconocen la belleza de aquella alfombra natural, que ...

-       Ese árbol, Sra. Gris, ¡ESE árbol, Señora!  ¡Es parte de la historia de estas calles, de esta ciudad! -Digo exasperada

Y continuo: -¡A Ud. Señora! ¿Quién ... Quieeeeén le dijo que podía así nomás, de buenas a primera quitarnos un pedazo de nuestra niñez, de nuestra adolescencia, de NUESTRA VIDA?

La gente me empieza a rodear, no me importa. Solo importa detener el sacrilegio, solo ello importa.

-   ¡Ud. Señora desconoce que este árbol estuvo antes que Ud. siquiera naciera! ¡Que nos cubrió con su sombra y nos dio un aire puro! Ud. no sabe nada.... nada... ¡Ud. no sabe que en Navidad era NUESTRO árbol lleno de luz y amor! -

Sin poder contener las lágrimas, y ya casi sin voz, en un susurro le digo: - Ud. no sabe que ése árbol fue el lecho donde El Linye nos dijo adiós. Por favor .... por favor... no lo mate le ruego .... le ruego... Señora, le ruego ...

Como en una visión, recién advierto el murmullo de mis vecinos, de aquellos mis amiguitos de tantas siestas de escapadas y corridas bajo el chivato, y veo que ellos rodean al Viejo y querido árbol.

Los obreros están reunidos con la Sra. Gris, esa mujer... esa mujer que esta de espalda. Se da vuelta, me mira, y cual milagro veo que sus ojos también están inundados, y, advierto ¡Oh Dios! Que el árbol, mi viejo y querido amigo, el Viejo y noble Chivato, se ha salvado.